Sillas de plastico
| Twittear |
|

La suma de atributos hace de estas sillas, que llegaron a considerarse como muy corrientes, un invento redondo, ya que entre otras cualidades son baratas, muy baratas, se pueden apilar con facilidad, limpiar sin problema, además de que apenas estorban. Ocupan muy poco espacio. Como son de plástico son impermeables, se transportan sin dificultad (pesan menos de dos kilogramos) y se manufacturan con Polipropileno de una sola vez.
El origen de este mueble tiene a los curadores e historiadores en el insomnio, unos dicen que la primera silla de plástico, totalmente de ese material, fue concebida por un danés, Verner Panton, quien creó en 1960 la Silla Panton, una silla cantilever, sin patas traseras, en forma de “S”, la primera en ser moldeada por inyección de plástico y que carece de patas traseras, hecha de Luran, un acrilato-estireno-acrilonitrilo. Esta silla significó un salto gigantesco en el diseño de mobiliario y hasta nuestros días es considerada una obra de arte para la decoración de interiores y exteriores. Otros investigadores afirman, desde su perspectiva, que fue Joe Colombo, un italiano, en 1965, el que desarrolló la silla, y que era un objeto rígido con respaldo, asiento y cuatro patas. Pero no es sino dos años después, en 1967, que apareció la primera silla monobloc modelo Selene, diseñada por el también italiano Vico Magistreti, quien resolvió las dificultades técnicas asociadas a la fuerza de las patas creando una silla de una sola pieza en forma de “S” de fibra de vidrio, reforzado con poliéster. Sus innovaciones se mejoraron con las aportaciones de Artemide, en 1969, y con el último legado, el de los diseños de Helle en plásticos ABC, en 2002.
La primera producción masiva de sillas a comienzos de los años 1980 tuvo lugar en las fábricas de la firma francesa Allibert Group, o quizás de las plantas de Grossfillex Group, de Estados Unidos. Aparecieron, como de la nada, millones de sillas que invadieron todos los mercados, los barrios y las casas de ricos y pobres. Desde entonces, cada 70 segundos, y después del fuerte apretón, con una presión de 1000 toneladas contra el molde, una lámina de polipropileno es extruida para llenar en forma de silla la vida de los jardines, los patios y plazas públicas con sus vistosos colores, o bien en terso blanco. Los primeros asientos monoblocs llegaron a costar alrededor de $60 dólares cada uno, pero con el tiempo el precio se derrumbó drásticamente y hoy cuestan alrededor de $3 dólares la pieza, o menos, y se manufacturan sin descanso en todos lados, en México, Italia, Francia, Alemania, Turquía, Israel, Estados Unidos, Taiwan y un montón de países más. En la actualidad, las sillas monobloc son un desafío constante para la imaginación de los diseñadores de todas las esquinas del globo, y en ese desafío participan grandes creadores como Ross Lovegrove, Karim Rashid, Jasper Morrison y Phillippe Stark, para mencionar a los más prominentes, que sueñan con nuevas formas y materiales para sus asientos monobloc.
| Twittear |
|


